Relato erotico -En el local comunitario-

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En el local comunitario

Durante los años que estuve en la Universidad participé activamente en actividades culturales y de esos años no solo me ha quedado el recuerdo de todo lo que organizamos, sino que también había lugar para el placer.

Ya entonces era muy difícil involucrar a nadie si no era por su propio beneficio, y los que nos dedicábamos a este tipo de actividades éramos más bien pocos. Eso hizo que en poco tiempo existiese bastante complicidad entre todos y, aunque al principio apenas nos conocíamos, enseguida nos abríamos a los demás, ya que en definitiva pasábamos un montón de horas juntos. Como otras asociaciones, la nuestra tenía un pequeño local en la Facultad que se había convertido en lugar de encuentro de todos nosotros. Yo había sido una de las últimas en entrar a formar parte de la asociación y aún no tenía demasiada confianza. Pero me entendía especialmente bien con el presidente de la Asociación, Oscar.

Mediría alrededor de 1.80 m. y aunque no era nada espectacular, con un cuerpo y una cara bastante normales, siempre estaba rodeado de mujeres y tenía una facilidad increíble para agradar a la gente. Yo, era poco más baja que él, y se que llamaba la atención por mi cuerpo, ya que tengo unas formas generosas, y gracias a que soy bastante activa, he conseguido tener un cuerpo que muchos admiran. El me dedicaba bastante tiempo y siempre estaba dispuesto a ayudarme en lo que hiciese falta. Al cabo de unos meses comencé a organizar un curso de fotografía y él estuvo desde el principio a mi lado, para todo lo que hiciera falta. Cuando faltaban un par de días para el comienzo del curso, y en medio de una conversación sobre fotografía se me ocurrió pedirle que me hiciese unas fotos un poco atrevidas.

Yo en aquel momento tenía novio y podría habérselo pedido a él, pero no sé que me impulsó a desnudarme delante de Oscar. Él apenas pareció sorprendido, cerrando la puerta del local, extendimos una tela negra y comencé a quitarme la ropa. El, sin apenas inmutarse, me iba diciendo que me quitase más ropa y que no tuviese miedo. Yo temblaba de la excitación y no del miedo. Únicamente tenía puestas las bragas y cubría mi pecho con las manos, cuando notamos la llave en la puerta del local. Oscar se acercó e intentó evitar que pasase. Nosotros confiábamos que a las 20.30 h. nadie de la asociación vendría al local, pero ... El se apresuró a decirle a Verónica que si no le importaba esperar un momento, pero ella, que había estado con Oscar, no le hizo caso y entró, encontrándome a medio vestir. Se rió, y nos dijo que ella también quería tener unas fotos.

Yo dudaba, pero por otro lado, me daba más confianza no ser la única que estaba desnuda. Vero tenía 22 años y era una persona totalmente desinhibida, que enseguida hizo que todo fuese más fácil. No sabría decir en que momento comenzamos a posar más en plan pornográfico que erótico, ya que nos acercábamos y nos rozábamos, notando como se cargaba el ambiente. Ahora si que notaba que Oscar se encontraba nervioso y bajo el pantalón se le podía notar un buen bulto. Cuando nos tumbamos y comenzamos a besarnos, ya Oscar tenía que haber terminado los dos carretes que yo tenía, pero el seguía fingiendo que hacía fotos, y nosotras, encantadas, fingíamos que posábamos. Verónica, y eso me lo comentó después, ya había tenido alguna experiencia lésbica y en unos minutos consiguió que tuviese un orgasmo increíble, olvidándome por completo de la cámara, del local, de la facultad e incluso de Oscar. Pero él no se había olvidado de nosotras.

Tras este inicio, Oscar se decidió a bajarse los pantalones y le ofreció su polla a Vero, que como tantas otras veces, la chupó con ansias, mientras seguía pasándome un par de dedos por el clítoris. Yo que ansiaba aquella polla, me conformada por comerle el chocho a Verónica que estaba disfrutando plenamente. Yo notaba que Oscar me miraba como pidiéndome permiso para acercarse, pero dudaba pensando que podía ser rechazado. Así, que abandoné a mi amante y su exquisito sabor y fui en busca de aquella polla que tanto había deseado y ahora compartía con otra mujer. Al notar mi boca dio un gran suspiro y supongo que empezó a dar gracias por estar viviendo aquella situación. Yo, que tenía unas buenas tetas, le rodee la polla y comencé a hacerle una cubana viendo como su polla desaparecía entre ellas y al aparecer de nuevo la boca de Verónica se la tragaba.

Al poco rato, el sacó su polla de mis tetas y comenzó a correrse en mi boca. Al acabar compartí toda su leche con Verónica en un beso que se nos hizo eterno y que sirvió para coger de nuevo fuerzas. Me apoyé en la mesa del ordenador y con mis tetas restregándose sobre los papeles, Oscar comenzó a follarme con una mezcla de suavidad y furia que me hacía gritar cada vez un poco más. En la pared contigua seguían dando clases así que tuve que coger mi propio sujetador y meterlo entre los dientes para que mis gritos no llamasen la atención de toda la clase. Verónica, mientras, en una silla reclinable se masturbaba. De vez en cuando yo introducía un dedo en su boca o tocaba sus tetas ayudándole a disfrutar de una situación cada vez más excitante.

Oscar estaba a punto de correrse y yo le animé a que lo hiciese en mi interior, pero él prefirió sacar su polla y correrse sobre Verónica que seguía masturbándose con furia. Yo me quedé sin su leche dentro de mí, pero me excitó ver las tetas empapadas de Verónica, así que me fui a por ellas, mientras Vero acabada de limpiar con su boca la polla de Oscar. Lamentablemente su polla ya no daba para más, y a pesar de un par de intentos no conseguimos que se pusiese dura así que entre Oscar y yo, le empezamos a comer la concha a Verónica que ahora mordía su brazo para no llamar más la atención.

Después de varios orgasmos y una par de pitillos, abandonamos la escuela cuando ya cerraba, dejando aquel local oliendo a sexo durante unos cuantos días.




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