Marcela cachonda
Hooola...soy Marcela, ésta es la tercera vez que escribo y cada vez me gusta más.. Ahora escribo para contarles la primera vez que tuve sexo anal y la primera vez que mamé una verga. Después de tener mi primera vez con mi hermanastro, empecé a tener relaciones sexuales con sus amigos y conocidos.
Pocos meses después de esa primera vez en una fiesta de cumpleaños de amigos del barrio me encontré con algunos de los amigos de Javier. Especialmente me gustaba uno de ellos, Hernán, más que nada porque era el más experimentado y sabía tratarme muy bien.
Conocía su verga así es que sabía que no era muy grande o por lo menos de las más grandes entre todos los chicos. Estuvimos hablando un buen rato de muchas tonterías hasta que él y yo nos apartamos. Salimos de la casa, nos sentamos afuera y empezamos a besarnos apasionadamente. Entraron en juego las manos. Él buscaba mis tetas y después mi concha, yo sólo disfrutaba del momento, gemía y alababa el manejo de sus manos en mi cuerpo.
Estuvimos así por un largo rato hasta que no di más, estaba a full. Estiré mi mano y busqué su pija, apenas la alcancé a rozar y él sacó mi mano de allí. Le pregunté qué hacía y él me dijo "no quiero que la toques, quiero la sientas recién dentro tuyo, que la sientas en tu culo, quiero abrirte ese hermoso orto que tenés que nos vuelve locos a todos y en especial a mí...". Sus palabras me excitaron aún más, lo premié con un beso con lengua, cosa que yo generalmente no hacía y le dije que yo también quería que fuera él quien me abriera el culo, que lo estaba guardando para él.
-¿En serio? Bueno, voy a ver si están mis viejos en mi casa, si no están, vuelvo y vamos para allá, y si están, no se, ya vemos, ah? -Dale, te espero acá.
Hernán se fue, vivía a unas cuatro cuadras de la casa donde estábamos. Me quedé esperando ahí como le dije, al ratito salió el cumpleañero y dueño de casa, Gustavo, le decíamos Gusti. También era amigo de mi hermanastro. Salió y se sentó al lado mío, me preguntó qué hacía ahí sola y le dije que estaba charlando con Hernán pero que se había sentido mal del estómago y se había ido a su casa.
-Ah, ¿cagadera?....jaja.
-Parece- le contesté.
-Me vas a dar mi regalito Mar? -Ya te lo di, no te gustó? -¿El sombrero? Sí, está bueno, pero yo quiero otro regalito, es mi cumple, podrías dármelo.
-¿Qué querés?- le pregunté ingenuamente.
-Romperte el culo, quiero debutarte el culo, qué me decís? -Que está reservado, se lo acabo de prometer a Hernán, fue hasta su casa para ver si están sus viejos, así nos vamos para allá.
-Qué hijo de puta! Yo sabía que este boludo se me iba a adelantar. Dale Mar, déjame a mí, como regalo de cumple, sabés cuánto hace que le tengo ganas a ese culito lindo? -No, no jodas, ya está, quiero hacerlo con Hernán, es el más suave de todos, ustedes son unos animales y eso no sirve para el culo, porque me voy a cagar del dolor.
-Te prometo que lo hago suave, super suave.
-Sí, eso me dijiste cuando me cogiste la concha y después no podía ni dormir del dolor. No, basta.
-Bueno, esta bien, pero entonces chupamela, chupame la verga- me dijo mientras se paraba frente a mi y se tocaba el bulto.
-Qué! Estás en pedo?! Ni loca, es una asquerosidad, además Hernán ya estará por venir.
-No, si es un pajero... Dale Mar, está limpia, me la lavé porque hoy quería mi regalito con vos, dale.
Mientras me decía eso, sacó su pija de su pantalón, estaba super crecida, muy grande.
-Mirá como está, todo por hablar de la chanchada con vos. Que me decis? Dejame tu boquita, Javi ya se llevó tu conchita, ahora el Hernán se va a llevar tu culo, dejame tu boca, te prometo que no le digo a nadie que me la chupaste.
-Sí, claro, y yo te voy a creer.
-Dale Mar, bebé, mirá, decime que no te gusta, ah?
Yo miraba su verga que estaba justo enfrente mío, a la altura de mis ojos casi. La verdad que era la verga que más me gustaba, pero me hacía doler mucho, me gustaba porque era grande, dentro de las que había y era lindo mirarla. En ese momento Gustavo se tiró un poco para adelante como queriendo hacer que me la metiera en la boca.
-No seas boludo, qué haces? Mirá si alguien nos ve- le dije mirando para todos lados por si había alguna de esas viejas chismosas que no faltan.
-No hay nadie, dale, chupamela, me muero por sentir tus labios acá, ah? Decime que no te gusta la idea.
-Y... bue, está bien, pero acá no.
-En serio? Bueno, dale, vamos a mi pieza.
-No! Tenemos que pasar por donde están todos, va a ser muy obvio.
-Puta madre! Ya sé! En el auto de mi viejo, busco las llaves y listo.
-Pero apurate... y traeme pasta para los dientes de paso.
Gustavo se fue casi corriendo adentro de su casa. Tardó muy poco en volver. Venía con dos vasos en sus manos llenos de cerveza.
-Yo no quiero cerveza- le dije.
-No importa, era para disimular.
Javier (mi hermanastro) me preguntó qué hacíamos, le dije que estábamos conversando. Dale, vení. Dejó los vasos a un costado, me tomó de la mano y nos fuimos a su garaje. Entramos, estaba muy oscuro, pero no prendió las luces para que nadie se diera cuenta que estábamos ahí. Abrió la puerta del lado del volante del auto y se iba a meter, no alcanzó a hacerlo y se hizo para atrás.
-¿Qué pasa?- le pregunté.
-Estoy viendo como hacemos.
-Uy, che, tanto problema, yo me voy para el lado del acompañante y vos te quedás acá, y yo me estiro desde allá.
-Ya sé! Subite adelante, yo me subo atrás.
Le hice caso. Él se sentó en el asiento de atrás, a la mitad y me dijo que yo me arrodillara y pusiera mi torso entre los respaldares de los dos asientos de adelante. Apoyé mis rodillas en el "piso" del auto, una a cada lado de la palanca de velocidades y metí mi torso entre los dos respaldares. No estaba incómoda, tenía un pantalón ajustado y una remerita, pero estaba bien. Gustavo se bajó el pantalón, no traía calzoncillos, cuando sacó sus pantalones su pija golpeó contra su vientre porque se había quedado "enganchada" en su pantalón. Tiró el cuero hacia atrás y salió su roja cabeza. Yo estaba entre nerviosa, ansiosa y con algo de miedo.
-Uy!!- grité.
-Shhh... qué pasó? -La palanca de velocidades.
-Jaja... querés probarla también? -Callate nabo.
- Bueno, dale Mar, toda tuya.
Agarré su pija, estaba muy dura, me fui acercando de a poco, cuando estaba bien cerquita, cerré los ojos casi instintivamente. Costó que la pudiera meter en mi boca, cuando lo logré me sentía muy rara, muy puta. Empecé a hacer un movimiento de subir y bajar pero muy corto. Al principio raspaba mucho su pija con mis dientes.
-Usá los labios Mar- me dijo Gustavo.
Le hice caso, primero usé la parte de afuera de mis labios, después cambié por la parte de adentro, cada vez me animaba a más. Cada vez me metía más verga en la boca, le sumé algo de lengua, yo estaba muy concentrada en lo que hacía y Gus me pidió que parara. Me corrió mi cabeza hacia atrás y le pregunté qué pasaba. Vi como salió algo de líquido.
-Ya vas a acabar?- le pregunté mientras me corría el pelo de la cara.
-Casi, es que estoy a mil culpa tuya chiquita.
-Cuando estés por acabar avísame, así me salgo, no seas boludo.
-Bueno, dale.
Volví a acercarme. Esta vez no cerré los ojos, decidí hacerlo despacio, estuve recorriendo su pija de arriba abajo por un tiempo, me dediqué a chuparle la cabeza, jugué con mi lengua haciendo círculos alrededor de su pene mientras también movía su pija. Yo sentía su verga muy caliente en mi lengua, era una sensación muy extraña. Él jugaba con mi pelo, con mi oreja, cada vez gemía más, me decía que siguiera, que era muy buena. Yo también cada vez me emocionaba más, cada vez me gustaba más, hasta que me dijo que acababa y saqué mi boca de ahí. Gustavo subió su cuero y apenas alcanzó a hacer un movimiento hacia abajo intentando masturbarse cuando acabó sin manchar nada. Yo pasé mi lengua por mis labios, me había gustado mucho chupar su verga.
Después de un rato corrió otra vez el cuero hacia atrás y el semen empezó a caer por su poronga. Yo estaba mirando como caía ese lechazo, era muy excitante, bajaba lento, pero se esparcía. Gus tomó mi mano derecha, la más hábil, y la llevó a su pija, me hizo tocarla, yo no puse resistencia, después cerró mi mano haciendo que agarrara toda su verga. Puso su mano sobre la mía y empezó a masturbarse con mi ayuda, eso fue muy excitante, mi mano se movía con gran facilidad por el semen, estaba caliente y pegajoso.
-Ummmm... se ve muy bien ese lechazo en tu poronga- le dije.
-Querés comerme la chota así, con el lechazo? -No! Me voy, Hernán ya estará por venir.
Esperé que Gusti cerrara el auto y abriera la puerta del garage, me dijo que esperara y él se asomó a ver si había alguien. Me hizo seña con la mano para que lo siguiera y salimos de ahí. Nos sentamos otra vez afuera de su casa y hablamos de todo un poco. Nos besábamos de vez en cuando y nada más. Unos minutos más tarde llegó Hernán. Lo veíamos que venía por la esquina. Cuando llegó donde estábamos nosotros más o menos esto pasó.
-Hey chicos, ¿que hacen?- dijo Hernán.
-Nada- me apuré a contestarle.
-Mar me acaba de chupar la poronga.
-Callate Gustavo!- le dije pegándole en el brazo.
-Pero si el Hernán no le dice a nadie, es bueno para guardar secretos.
-Si, no le digo a nadie, en serio se la comiste? -Sí.
-Y? Qué tal?- le preguntó Hernán a Gustavo.
-Tiene buena boca, sabe usarla. ¿Así es que le vas a abrir el culo? -¡Gustavo! ¿Qué pasó Hernán?- le pregunté.
-Ya está, vamos a mi casa, mis viejos se fueron recién, esperé a que se fueran y me vine.
Hernán me tomó de la mano y me ayudó a pararme.
-Vamos mi amor?- me dijo dulcemente.
-Bueno, vamos.
-Esperá mar, dejame que te toque el culo, ya que es la última vez que lo vas a tener virgen, qué me decís?- me preguntó Gustavo mientras se paraba.
Yo miré a Hernán como buscando una respuesta como si mi culo fuera en realidad suyo, él no dijo nada así es que asentí con la cabeza al pedido de Gustavo. Hernán me tenía tomada de la mano y cerca de su pecho. Gusti se acercó y puso sus manos en mi cola, una en cada cachete, lo acarició un poco, Hernán me tomo del cuello y se acercó a mi boca, me besó. Gustavo empezaba a gemir. Se acercó aún más a mi culo, tanto que terminó apoyándome su verga, estaba dura y pude sentirla bastante bien. La escena era bastante morbosa, más teniendo en cuenta que quien estaba entre ellos dos, yo, tenía 18 años y ellos unos 20. Eran las dos de la mañana más o menos pero no me importó que alguien nos viera.
-Qué rico culo tenés pendeja, tan durito- me dijo Gustavo a la vez que se apartaba y se hacía para atrás- Que les vaya bien chicos- se despidió Gusti y se fue para adentro. Hernán y yo seguíamos besándonos hasta que él bajó su mano buscando mi culo, lo apretó fuerte y eso abrió de nuevo una chispa en mí. Me besó tiernamente en la frente y me tomó de la mano, parecíamos novios más que amantes, que éramos en realidad. Caminamos despacio las cuadras hasta su casa, hablando de algunas cositas que nada tenían que ver con lo que íbamos a hacer. Eso me hizo relajarme como también lo que había hecho con Gustavo, que me había desinhibido.
Llegamos a la casa de Hernán, abrió la puerta y pasamos, nos besamos mientras caminábamos, me llevó a la habitación de sus padres, yo la conocía bien ya que ahí siempre habíamos cogido por ser el lugar más cómodo por tener una cama grande y hermosa. Sus padres me querían mucho, pero eso dejaría de ser así si se enteraban lo que hacíamos y dónde lo hacíamos. Seguimos besándonos, Hernán me besaba el cuello y me sacó la remera que llevaba, se dedicó un poco a mis tetas que estaban bastante desarrolladas para mi edad.
-Sos tan hermosa mi amor...- me decía.
Nos tiramos en la cama, él se puso encima mío, enseguida noté su pija dura lo que me hizo apurarme en sacarle el pantalón. Él me sacó el mío mientras me besaba el vientre. Yo estaba muy excitada y muy complacida, sentía que estaba haciendo el amor con él y que no se trataba sólo de sexo. Cuando terminó de sacarme el pantalón me quedé sólo con mi bombachita. No me la sacó, en lugar de eso me hizo ponerme en cuatro.
-Quiero verte de atrás mientras te la saco- me dijo, sin que hiciera falta preguntarle.
Me sacó suavemente la bombacha, muy lentamente, después cuando creí que me iba a penetrar, se puso encima mío con todo su cuerpo sobre el mío y buscó mi boca, me besó, después el cuello, la oreja, tocó mi pelo y besó mi espalda que la recorrió junto con un dedo. Yo sentía su verga dura rozar mi concha húmeda como sólo él sabía dejarla. Me pidió que me apoyara con la cabeza en la almohada, que bajara un poco mi espalda y que también bajara mis piernas dejando el culo un poco parado. Lo hice tal cual me lo pidió.
-Muy bien mi amor, ahora, si te duele me decís, ok?
Sentí unas de sus manos apoyarse en uno de mis cachetes y sabía que inminentemente me iba a clavar. Cerré los ojos y juro que podía sentir el calor que expedía su pija que cada vez se acercaba más. La dejó en el agujero de mi culo, pero no me penetró.
-¿Qué pasa?- le pregunté.
-Apenas está mojada, te va a doler- me dijo mirando su pija.
-No importa, ya está, metela, ya no aguanto.
-Si, bebé.
Se pajeó apenas un poco y metió la cabeza. Se asustó y se detuvo porque yo gemí, pero fue de placer, el placer de sentir la cabeza de una verga en mi culo, estaba muy excitada, casi podía sentir caer los jugos vaginales por mis piernas. Se animó a meter un poco más y así siguió hasta que metió toda su verga.
-Ahhhh....!! Peeeerra, te entró toda!! Me sorprendió un poco que me llamara perra, pero sinceramente había dado en el clavo porque así me sentía y para hacérselo saber le dije.
-Movete, dale, cojéeme...
No hizo falta decir más, sentí cómo su pija se agrandó un poco más adentro de mi culo. Empezó a cogerme, muy rápido, el dolor era grande, pero me lo aguanté, empecé a gritar pero no quería que la sacara. Mi culo me quemaba por el roce y a él también le quemaba la pija porque a cada ratito decía "ayyyyy.....ayyy..", quejándose. Hernán decidió abrir los cachetes de mi culo y sentí un alivio.
Estaba en un éxtasis total, acabé después de un rato y terminé con mis piernas mojadas por los jugos que salieron de mi concha. Él acabó al poco tiempo, sacó su verga de mi culo y se masturbó hasta acabar una gran cantidad de semen que me sorprendió. Su pija estaba muy mojada por la corrida, me dolía un poco el culo así es que para pasar el dolor agarré su verga y empecé a chuparla. Hernán no podía creer lo que hacía, estaba de rodillas y gemía. El mismo agarraba su pedazo y yo sólo chupaba en cuatro patas. Me detuve después de un tiempo y le expliqué que sólo lo hice por curiosidad y para limpiar su verga.
Sentía mi boca un poco pegajosa por habérsela chupado después de acabar, pero fue interesante. Nos acostamos en la cama y descansamos, no volvimos a tener sexo esa noche ni nunca. Hernán me trataba tan bien porque había jugado una apuesta en el barrio a que me debutaba el culo, ni Gustavo ni mi hermanastro Javier ni ninguno de los otros chicos que yo frecuentaba sabían de esto pero me enteré por mis propias fuentes.
Eso no fue todo, si pude chuparle la verga a Gustavo fue porque él se demoró en volver de su casa y si se demoró fue porque dejó una filmadora escondida que nos grabó cogiendo y que viajó por todo el barrio. Después todos los chicos me buscaban, me recordaban aquella noche, me llamaban a mi casa, me decían puta y yo no me molestaba sino que aproveché la oportunidad para expandir mi horizonte sexual y adquirir experiencia. Casi puedo decir que probé la verga de todos los chicos de mi barrio.
Nunca más hablé con Hernán porque él realmente jugó conmigo y me lastimó. Desde siempre (esa edad, casi 19 años) supe que los hombres eran cosa seria y que debía lastimarlos yo antes de que ellos me lastimaran.
Esa es mi historia de dos de mis primeras veces, y mi moraleja, ja.