Vivencias de sexo muy calientes, aventuras contadas por sus protagonistas, disfruta ahora de las historias mas excitantes.
Antes que nada, quiero presentarme, mi nombre es Joaquín, vivo en Argentina, tengo 43 años, y soy un amante de las mujeres jóvenes, cuanto más jóvenes más me gustan, gracias a mi posición económica (cuando tenía 23 años heredé los campos que hoy administro), puedo darme unos cuantos gustos, con el tiempo fui aprendiendo que todo lo que quería de las mujeres lo conseguía ostentando mi dinero, y si… me gusta hacerlo, me gusta que se sientan importantes paseando en coches importados con joyas carísimas sobre su cuerpo, desde entonces, tuve innumerables parejas, casi siempre (salvo alguna excepción, que siempre las hay), chicas entre los 19 y los 25 años.
Lo cierto, es que nunca lograba relacionarme afectivamente a ninguna de ellas, siempre era físico el asunto, y al ser físico siempre encontraba alguna más linda o más joven o simplemente más sensual. Así fue como logré tener varias relaciones a la vez con jóvenes y hermosas mujeres. Pero bueno, dicen que a todo cazador se le escapa la liebre, y es cierto.
En enero de este año, en Punta del Este conocí a una muchacha de mi país, Argentina, que se encontraba vacacionando con su familia, ella es rubia, tenía 21 años, alta, finísimas curvas y un cuerpo sencillamente increíble, de más está decir que cuando mis ojos vieron semejante belleza decidí conocerla, así fue como entablamos una relación, salimos a tomar algo y terminamos enamorados y amándonos casi todas las noches de ese verano, pero esta vez, hubo una diferencia bien notoria con respecto a mis otras relaciones, me enamoré.
Esta pequeña había logrado robarme el corazón, ya en capital federal oficializamos nuestro amor y en junio nos casamos, con el paso de los meses no pude evitar volver a las andanzas, todo el tiempo se cruzan mujeres en nuestras vidas, quizás sea una enfermedad, pero no lo puedo evitar, si veo alguna mujer hermosa hago todos los esfuerzos posibles para conquistarla, en muchas oportunidades fallo, pero en otras acierto, desde que me casé con Mariela tuve tres relaciones distintas, si bien, en el fondo creo que Mariela debe tener algún amante de su edad, más joven que yo, no me molesta, me gusta saber que está en casa cuando llego y sentirla dormir a mi lado.
Por Mariela, me mudé de mi hermosa casa de San Isidro, a ella le gustaba uno de los departamentos que yo tenía en Belgrano, porque era amplio, y porque estaba cerca de la casa de sus padres, así fue como nos mudamos a este departamento, y es aquí donde comienza la historia que quiero contarles, en los últimos años me la pasé buscando nuevas formas para disfrutar del sexo, así fue como probé estar con más de una mujer (tres a veces), con mujeres de diferentes razas, y si bien, al principio me gustaba o me excitaba mucho con el tiempo uno se va acostumbrando y sigue en búsqueda de nuevas formas, entonces encontré los relatos de esta página, comencé a leer varios de ellos y a exitarme con ellos.
Las primeras veces me sacaba la calentura con alguna atorranta o con mi mujer, pero una tarde, en mi oficina estaba súper caliente por un relato en especial que había leído y terminé masturbándome…(Una nueva forma de gozar a tope!, que no recordaba tan placentera), cuanto hacía que no gozaba del sexo de esa forma… el asunto quedó ahí, hasta que una tarde de viernes a eso de las ocho de la noche en mi casa, descubrí algo maravilloso, Mariela se había ido al gimnasio, yo salí al patio en busca de no recuerdo que, lo que si recuerdo es que vi que en el edificio que da la espalda al nuestro, una ventana abierta, y en esa habitación había dos mujeres de unos veintipico de años cada una, se estaban cambiando como para salir.
Me escondí y me quedé observando, las vi cambiarse de ropa, la verdad que las dos tenían cuerpos hermosos, una llevaba una tanga roja con corpiño del mismo color y otra estaba de blanco, se ponían y se sacaban ropa, las observé durante veinte minutos hasta que se fueron, fue tan grande la erección que tuve, que terminé masturbándome…
Gocé de esa paja como hacía rato no gozaba con nadie, a partir de ese entonces me la pasé observando día tras día, con el transcurso de los días logré conocerle los horarios a mi putita de la ventana (así la bauticé).
Entonces me preparaba, le gusta mirar televisión semi desnuda, todos los días la observo como se saca de a poco la ropa como queda en tanga y en corpiño, mientras la observo me masturbo. Quizás algún día salga a su encuentro, quizás sea una putita como tantas otras, pero con ella no me animo, me gusta verla por la ventana, me gusta ver como se quita la ropa, me gusta verla sin que sepa que la miro, la última gran experiencia fue hace algunos días.
Contraté una puta bien cara, una pendeja de 21 años para que me chupara la pija mientras veía a mi putita cambiarse, fue maravilloso, derramé mucha leche en la boca de la puta, me la chupó maravillosamente, al principio le costó tragarla toda, creo que no les dije, pero la vida no sólo ha sido generosa conmigo al darme la posibilidad de ganar mucho dinero, sino que me ha dotado de una pija de medidas no comunes, pero se las arregló, como buena puta se la comió toda, fue el goce máximo, mi chiquita cambiándose y una puta comiéndome la pija… maravilloso.
Bueno amigos y amigas, hasta aquí mi relato de hoy, tengo muchas vivencias por contar, me excita pensar que alguien se pueda calentar con mi relato, me gusta imaginar que alguien se masturbe al leer esta parte de mi vida, les mando saludos a todos.