Relatos Porno -Marta ,su hermana y su amante-

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Ángel la vio por primera vez en una discoteca de su ciudad. Ella estaba reclinada sobre la barra, hablando con un camarero. Era bajita, era bella como ninguna otra mujer que hubiera visto hasta entonces. Su melena morena se desparramaba sobre unos hombros desnudos, que acentuaban si cabe lo entallado de la blusa que llevaba. Su mirada paladeó durante varios minutos todo el cuerpo de la joven. Una falda corta permitía disfrutar de sus perfectas piernas, delgadas y de movimientos insinuantes.

Ella giró levemente la cabeza, y Ángel puro deleitarse en unos ojos como esmeraldas, brillantes y vivos. Seguramente ella se estaba dando cuenta de su desconocido observador, pero no hizo nada por evitarlo. Es más, sus manos se posaron sobre su trasero, ajustándose más todavía la falda, acariciándose, incitando a acercarse por detrás suyo. Sin embargo estaba demasiado ocupada en la tarea de seducir al camarero como para que nadie osara acercarse a ella, y mucho menos él.

Aquella noche Ángel la pasó fantaseando esa perfecta figura. Sus labios carnosos que deseaba besar, el cuerpo que deseaba hacer suyo... Tenía que ser suya.

A la semana siguiente consiguió arrastrar a sus amigos a la misma discoteca. No les habló acerca del deseo que le estaba corroyendo, porque temía que ellos se inmiscuyesen, pero había estado todo el día nervioso pensando en el encuentro. Como no podía ser de otra manera, la vio allí, pero esta vez rodeada de otras chicas. Sus miradas se encontraron, y él supo que le había reconocido. Un precioso vestido ajustado, cortísimo, le provocó una calentura tal que no pudo contenerse más. Dio un profundo trago de su copa y se acercó a ella por la espalda.

- Me viste el otro día, mirándote. ¿No es cierto? - dijo él, con una sorprendente firmeza. Quería impresionarla. - ¿Debería recordarte? - Sabes que sí. - ¿Y qué hacías mirándome, si se puede saber? Además tengo novio...

Ángel no sabía si eso sería cierto, pero tenía que jugársela. La deseaba.

- Dudo que nadie tuviera una chica tan hermosa como tú y la dejara tan sola dos días.

Ella se dio la vuelta y cogiéndole del brazo salieron a la calle, bajo la atónita mirada de sus amigos. Ella le empujó contra una pared, y apretó su cuerpo contra el de Ángel.

- ¿Qué quieres de mí, chico? - Todo lo que tú quieras darme, guapísima.

Se juntó todavía más a él.

- ¿Ya la tienes dura? ¿Sólo con verme?

Inevitablemente ella había notado la erección de su nuevo compañero. Él la rodeó con sus brazos y la besó. Ella fue más allá. Una de sus manos comenzó a acariciarle al paquete, y le comenzó a besar el cuello.

- Vamos al parque - la dijo Ángel.

Ella sin mediar palabra echó a andar. Al llegar allí, desde detrás suyo, de pie, la amasó sus pechos con fuerza, mientras su lengua recorría su cuello. Ella se estremeció con sus caricias, y sin darse la vuelta le volvió a agarrar la polla, más dura que antes todavía. Él comenzó a respirar entrecortadamente. Estaba muy excitado.

- ¿Aguantarás mi ritmo, cariño?

Ella le sentó en un banco próximo y le bajó rápidamente los pantalones. Se arrodilló entre sus piernas y se metió la verga en la boca sin miramientos, casi como él mismo había soñado una semana anterior. Él le comenzó a hablar, sabiendo que la calentaría todavía más.

- Llevo toda la semana pensando en estar así contigo, ¿lo sabías, guapa? Toda una semana con mi vara tiesa pensando en que me la comieras, en poderte sobar como te he hecho antes. Te deseo como nunca había antes deseado a ninguna otra.

Ella estaba totalmente ida, sólo pensando en hacerle una mamada de nota. Sus comentarios la excitaban más todavía que sus caricias. Él le agarró la cabeza y le volvió a hablar.

- Trágatelo todo, sucia.

Ella notó tres o cuatro empellones dentro de su boca. El líquido blanquecino comenzó a resbalar por sus labios. Se levantó y se limpió una gota que le escurría. Él la miró con la vista perdida por el placer.

- ¿Qué pasa, cabrón? ¿Se te han acabado las fuerzas?

Ángel se levantó y la besó, metiéndola la lengua todo lo que pudo, sumergiéndose en su propio sabor. Ahora era él el que deslizaba la mano entre las piernas de ella. La muy guarra ni llevaba bragas. Quizá también ella había estado preparando su encuentro, o quizá acababa de tener uno. Le metió un dedo por el coño, lo que la hizo estremecer. La otra mano disfrutaba sobre sus grandes pechos, hermosos, los de una mujer en la flor de su juventud. Comenzó a susurrarle al oído.

- Me gustas mucho. Quiero que disfrutes esta noche, para atarte a mi cuerpo mucho tiempo. Quiero que no me olvides fácilmente.

La apretó contra él y la levantó el vestido. La recostó sobre el banco y hundió su cabeza entre sus piernas. La recorría entera con la lengua, parándose suavemente sobre su apetecible clítoris, y ella lo agradecía con un gemido. La metió la lengua, pero ella no paraba de pedir más. Se levantó, y agarrándose el miembro, que volvía a estar duro, se lo metió poco a poco por su coñito. Ella vio como desaparecía, milímetro a milímetro, dentro suyo. Le faltaba poco para correrse, para irse, por el placer que estaba sintiendo. Su cuerpo se arqueó, y lanzó un último gemido de gozo. Ángel se vació dentro de ella justo cuando paraba de agitarse.

Se besaron largo rato, y pararon a hablar un poco. Se presentaron. Ella se llamaba Marta. Tenía veintidós años, y todavía vivía con sus padres. Tan sólo dos años menor que Ángel. Estuvieron allí hablando toda la noche. Se hizo tarde, y se despidieron, no sin que él prometiera antes llamarla.

Ángel estaba estudiando en la ciudad, y tenía un piso para él solo. Eso le facilitó de sobremanera los encuentros con Marta. Las semanas siguientes estuvieron plagadas de llamadas a ella y visitas inesperadas. Había llegado un momento en que él no era capaz de pensar en otra cosa que en que sonara el timbre de la puerta y apareciera ella detrás. Nunca había sentido una pasión tan grande con ninguna otra de las mujeres con las que había estado. Ninguna le había dado tanto placer.

Ella no era menos. Siempre que podía se escapaba de su casa a escondidas para visitarle. Algunas veces ella, estando sola en su habitación, intentaba contener las ganas de follar con él, pero no conseguía más que calentarse y siempre acababa tumbada en la cama, con las piernas abiertas y con varios dedos dentro suyo, o yendo a su casa para satisfacerse con él.

Su relación era casi únicamente sexual, pero no podían evitarla. Se amaban, de una manera muy especial. A veces, cuando no podían estar juntos, intentaban contentarse con otras personas, pero no era lo mismo. No podían controlar sus pasiones. Los reencuentros siempre eran iguales. Sin decirse nada, ella se arrodillaba delante suyo, tomando una actitud sumisa pero digna, y se la comía hasta que ya no diera más de sí.

Un día Ángel la llamó, y la dijo que fuera hacia su casa, que la tenía preparada una sorpresa. Ella se puso su mejor vestido, y una sugerente ropa interior negra de encaje que guardaba para ocasiones especiales, y salió a la calle. Cuando le abrió la puerta, se besaron, pero él, con un movimiento brusco se colocó detrás suyo y le ató los brazos en la espalda, con un pañuelo.

- ¿Qué haces? - preguntó ella, haciéndose la ofendida. - Tú confía en mí - contestó Ángel, a la vez que le vendaba los ojos con un pañuelo.

Le guió hasta su dormitorio, y le desató los brazos. Le quitó el vestido y la ató sobre el edredón a los barrotes de la cama, de manos y piernas, quedando completamente a su merced, con las piernas abiertas y los brazos separados. Ella notó unos labios que se colocaban sobre los suyos, pero justo cuando iba a devolver el beso, se apartaron. Se posaron en el cuello, y la siguieron recorriendo el cuerpo. Ella no podía moverse en absoluto. Notó que la quitaba el sujetador, y con un fuerte tirón también la desprendían de sus bragas.

- ¡Eh, Ángel! ¡Esas me las pagas, que cuestan lo suyo! - protestó.

Sin embargo, pronto tuvo que callar. Un sexo masculino se deslizaba entre sus labios. Comenzó a chuparlo, pero notaba algo extraño, sin determinar el qué. Se intentó concentrar en qué era ello, pero cuando Ángel se reclinó sobre su cuerpo y comenzó a trabajarla el coño se fue por completo. La costaba contener los jadeos, y respirar así, con la boca ocupada, significaba todo un esfuerzo. Notaba su boca cerrándose en torno a su clítoris, chupándolo y lamiéndolo con suavidad. Eso la volvía loca. De pronto, una polla la penetró entre sus piernas, y se sobresaltó. Ya supo qué pasaba antes. No era el sexo de Ángel el que estaba lamiendo, sino el de un desconocido beneficiario. Se imaginó la escena, estando siendo follada por dos hombres, sin poder moverse, completamente desnuda, y se corrió entre jadeos al pensarlo. Sin embargo ellos no paraban. Ángel la seguía destrozando el coño con sus embestidas, y el otro, cuya polla apenas le entraba ya en la boca, parecía aguantar bastante. Llegado un momento, sus acompañantes pararon, y se levantaron de su lado. Ángel la besó y la desató.

- ¿Te está gustando la sorpresa? - ella no sabía que contestar, y guardó silencio. - Como no digas nada, no vamos a parar -, a lo que ella, orgullosa, contestó: - Yo creía que todavía no habíais empezado la fiesta... - el desconocido rió, y Ángel, sintiéndose retado, la ató las manos a la espalda.

Con un certero golpe por detrás de las rodillas la dobló las piernas, y cayó arrodillada en el suelo. Se situó delante suyo, y agarrando su oscura melena la obligó a comerle la vara. El segundo hombre se tumbó en el suelo, boca arriba, y, separándola las piernas, se colocó debajo de ella y la comenzó a trabajar el coño. Al tener las manos atadas no podía defenderse de cómo Ángel la estaba fornicando por la boca. Le llegaba a hacer daño cuando se la metía entera, ya que no tenía un mal miembro. Pese a todo se estaba derritiendo de placer por como el otro la estaba comiendo.

Notaba su lengua perdiéndose dentro de sus labios, y cómo con una mano le acariciaba el clítoris mientras que con la otra le amasaba el trasero. Esta mano fue deslizándose hacia su ano, hasta que le comenzó a introducir un dedo. Comenzó suave, pero de pronto lo metió de golpe, haciéndola escapar un grito (lo que podía gritar con la boca ocupada). Ángel se corrió en su boca, y cuando se la sacó ella sintió un gran alivio, al poder por fin gemir a gusto por lo que el otro la hacía. Sin embargo, se levantó y Ángel la agarró. La guió para tumbarse en la cama, encima del otro hombre, y éste le metió la verga hasta el fondo. Ella se estremeció por el tamaño que tenía, y se comenzó a mover como podía. Quería correrse pronto, quería que esto por fin acabara y la dejaran descansar. Sin embargo no tenían bastante todavía, y Ángel se tumbó sobre ella, follándola por el culo.

Notaba los dos sexos dentro del suyo, moviéndose de una manera frenética. Estaba calentísima. Ellos la agarraban los pechos y el culo como animales, parecía que la iban a destrozar, con las embestidas que la propinaban. Al rato la sala se llenó de gemidos, y los tres se corrieron, para goce de Marta.

Ella no dijo nada. Estaba agotada. Unos instantes después, oyó cómo se abría y cerraba la puerta de casa. Justo después Ángel le quitó la venda, y le dijo, sonriente, que el otro se había marchado ya.

- Eres un desgraciado. Por lo menos, podías dejarme ver quién se ha beneficiado de mí, ¿no? La tenía muy gorda. - ¿Ah, sí? ¿No te gusta más esta? - se sacó la verga, y la acercó a la boca de la muchacha. Ella se la comió obedientemente. En ese momento él se dio cuenta de que la tenía completamente controlada, que el deseo que sentía por él le permitiría hacerla lo que fuese...

Ella se pasó la noche en vela, masturbándose una y otra vez con lo que había disfrutado aquella tarde. Todavía de madrugada le llamó. Quería oír su voz, y que fuera él el que le excitara. Ángel le comenzó a recordar detalladamente lo que habían hecho, y le confesó que lo había grabado todo en video. Marta notó que se corría cuando él le describió cómo se había hecho una paja viéndolo.

Al día siguiente ella se presentó en su casa sin avisar y se encontró con que estaba hablando con un amigo, Gonzalo, en el salón. Les presentó, y estuvieron todos sentados un buen rato en el sofá, hablando de tonterías. Marta no paraba de mirar el paquete del amigo y a Ángel, como preguntándole si él era el de la pasada velada, pero no encontraba respuesta. En lugar de eso, Ángel comenzó a hablar:

- Gonzalo, me parece que esta chica quiere comprobar si eres una persona que conoció ayer... Marta, adelante... Ninguno de nosotros te lo va a decir. Sólo vas a tener una forma de averiguarlo...

Ante la sorprendida mirada de Gonzalo, Marta se reclinó sobre él, arrodillada en el suelo, le desabrochó la bragueta, y se la metió en la boca. Tras dos buenas chupadas ya la tenía dura, pero ella se detuvo.

- No es él. El otro tenía una buena pieza...

Ángel se levantó, y le habló: - Bueno, no le vas a dejar así al chico... Mira cómo le has puesto.

Marta obedeció a su amante y se la volvió a lamer al amigo. Gonzalo no daba crédito a lo que pasaba. La que creía ser la novia de su mejor amigo se la estaba comiendo como nunca se lo habían hecho. Le miraba sonriente mientras con una mano le empuñaba el miembro y se lo lamía, como si de un helado se tratase. Ángel se colocó a las espaldas de ella y sacándose la polla le levantó el vestido y comenzó a follarla por el culo, a cuatro patas, como a una perra, mientras ella se la mamaba a su amigo. Sus embestidas hacían que ella se atragantara con la polla que tenía entre manos, pero eso no la detenía. Ángel se la trabajaba por detrás, y ella se frotaba el coño mientras el amigo gemía con sus movimientos. Se corrió una vez, pero ella no le soltó. Le empapó el miembro con su propio semen y siguió comiéndosela, sin dejar que se bajara la erección.

- Así me gusta, preciosa, - dijo Ángel - que trates bien a mis invitados. Ángel sacó la polla del culo y se corrió sobre ella. La frotó la vulva con lo que había eyaculado y ella no aguantó más. Se corrió, a la vez que Gonzalo volvía a llenarla la boca con su leche.

Pasaron las semanas, como siempre, y un día Marta le llamó, invitándole a cenar en casa, ya que sus padres iban a visitar a unos familiares fuera de la ciudad. Cuando él entró se encontró con su amante tan sólo cubierta por un delgado camisón que le marcaba sus deliciosos pezones. Se besaron, y le dirigió a su habitación. Allí, sacando unas esposas, le dijo - Hoy la vas a gozar tú, Ángel.

Le esposó con las manos juntas por encima de su cabeza, atándolo a unos barrotes de una escalera que conducía a su trastero. Le besó en la boca, y le comenzó a acariciar el paquete por encima de los vaqueros. Cuando la notó dura, se desató el camisón, dejándolo caer al suelo.

- Te gusto, ¿no? ¿No te da rabia no poder acercarme tus manos...? Ella se arrodilló delante suyo, y quitándole los pantalones le comenzó a succionar la polla con maestría. Al poco tiempo de estar así, entraron en la habitación dos chicas y un chico. Ángel se sobresaltó, pero Marta seguía comiéndosela sin importarle los invitados.

Era la hermana de Marta, su novio y una amiga; les conocía de vista. Su hermana era tan guapa como ella, pero algo más alta y con unos pechos espléndidos (como los de su hermana, de hecho). La amiga era una chica corriente, como el otro. Ésta última sacó una cámara de video, enfocando la escena. El chico se sentó en la cama, y la hermana comenzó a desnudarse, muy despacio. Ángel estaba muy excitado, pero cuando estaba a punto de correrse su amante paró.

- Ahora te voy a hacer sufrir un poco, cariño mío - le dijo a él, mientras se levantaba, dirigiéndose a su hermana. La acabó de desnudar y se enzarzaron en un furioso 69 en el suelo, delante de él. El trabajo que al parecer le habían encargado a la otra chica era chupársela un poco a Ángel, lo justo para mantenerle la polla dura pero sin correrse... un martirio.

- ¿Te jode no poder ser tú el que me coma el coño? - dijo Marta, burlona, mientras su hermana, debajo suyo, le metía la lengua por la vagina. En ese momento el otro chico se acercó por delante a ella, y la calló metiéndole su verga en la boca. La otra chica abandonó a Ángel y le comió el coño a la hermana. Éste se moría por correrse. Le estaba destrozando lo que veía y no podía hacer.

Marta se levantó, dejando a los otros tres en el suelo, en las más variopintas posturas. Le susurró al oído: - Ninguna polla me llena como la tuya, no te creas.

Se puso delante de él y restregó su culo contra su vara, completamente dura, pero sin metérsela, prolongando su agonía. El chico se corrió en la boca de la hermana, y se retiró de la fiesta, tumbándose en la cama. Marta se puso a hablar con ella, y justo después Eva (que así se llamaba su hermana) se arrodillaba delante de Ángel y le comía la polla. Se la tragó entera, manteniéndola dentro un buen rato, cosa que Marta nunca había logrado.

La tercera chica se tumbó también en la cama, quedándose al margen, pero Marta se tumbó en el suelo, masturbándose. Eva se dio la vuelta y se metió el sexo de Ángel por el culo, con un gemido de los dos.

- ¿Te gusta mi hermana, Ángel? - decía Marta - ¿Te folla bien, cabrón? ¿Y tú, zorrona? ¿Te gusta su polla? Ya verás los dedos que te vas a hacer con este video, desgraciada.

Ángel se corrió, por fin, en el culo de Eva, pero ella no pensaba parar de moverse. Jadeaba mirando a la cámara, y moviendo las caderas de tal forma que a Ángel ni siquiera se le bajó la erección.

Se moría por agarrar esos pechos que se balanceaban con sus embestidas, pero no le dejarían libre hasta bien entrada la noche...


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