Selección de empleadas
Gran parte de nuestra vida transcurre en el ámbito laboral, en él se concretan pasiones, encuentros, amores, infidelidades, alianzas, traiciones, realizaciones y frustraciones, nuestra segunda familia, para algunos la única, donde mostramos una faceta distinta a la real, en este teatro jugamos el rol que creamos para este tiempo de ficción.
En donde esto escribo, trabajo desde hace seis años, durante casi nueve horas diarias, seis días a la semana, mi vida transcurre aquí, las compañeras, mayoría, mi familia.
Con esta familia “semanal” convivo la mayor parte de mi tiempo, la empresa se dedicada a la confección de lencería fina, la mano de obra también es mayoritariamente, para trabajos manuales delicados no hay como la mujer. Comanda la empresa un matrimonio mayorcito, Jaime y Roberta, ella dirige la producción, él las ventas. La gerencia está en el primer piso, en el último, tercero, yo.
En mi piso hay varias dependencias desocupadas. Desacertada búsqueda, al entrar en una se ofreció a mi vista el panorama de la señora Roberta, de frente a mí, sentada sobre el escritorio abierta al máximo, el ordenanza, pantalón caído, la estaba serruchando con toda la furia. Recalientes bufaban desaforados. Con la señora nos miramos a los ojos, sin chistar dejé el lugar, tan silencioso como para no cortarle la “inspiración” al ordenanza que le estaba dando pija a morir. Sin perder el control ella siguió sin que mi error la hiciera salirse de la partitura que interpretaba en un solo de verga sostenido en tono fortísimo.
Evitaba encontrarla, deseaba evitarme un problema laboral.
- Hola Ernesto, puedo traerme la planilla de stock. – Roberta en el teléfono.
- Aquí tiene, señora.
- Siéntate.
Roberta agradece mi discreción, explicó que él tipo la atiende en lo que su marido le niega.
- No necesito explicación. –interrumpo.
- Gracias. –sonrió agradecida.
Recibí un ascenso, desde ese momento quedaba a cargo del personal, se apersonó para decir que tenía libre acceso a la muchacha que quisiera, compartir el silencio y la discreción tenía sus frutos. Roberta me mandó a una “ayudanta” con una notita que decía “Ernesto para que haga buen uso de esta ayuda, que la disfrutes”.
- ¿Cómo te llamás?
- Lilly… Lilianna.
No podía sacarle los ojos de encima, mientras llenaba los ojos con esta hermosura pensaba, Roberta tiene buen gusto para elegir mujeres, buena estampa, preciosa tetas y un culazo que estaba para partirlo como un queso. La remera ajustada intenta contener dos pechos rematados en erizados y gruesos pezones, el ombligo gracioso asomaba y daba un toque muy sensual. Al inclinarse para servir el café quedé enganchado en la visión de sus pechos que se balancean al compás del movimiento de sus brazos, no podía apartar la vista que pugnaba por ver un poco más allá de lo que permitía el escote, cuando volvió para dejar la bandeja sobre una pequeña mesa, inclinó su cuerpo hacia delante y expuso ese trasero tentador capaz de hacer perder la cabeza al más pintado.
- Nena ¿es todo tuyo? -fue lo único que pude articular, me salió del alma y de la calentura.
- ¡Claro! ¿ves? – tocándose los glúteos. –¡Tocá!
No podía creer lo que sucedía, toqué la cola, suave, el contacto con la carne firme me hizo jugarme, apreté un tanto en osada caricia, no se quejó, con toda la mano, a dos manos, reconociendo el terreno. ¡Qué buena!, sin esperar más, le robé el monopolio de la decisión, la senté en mi regazo, jugando al caballito, las tetas en balanceo gracioso, las nalgas brincando al movimiento que le imponía moviendo mis piernas.
- ¡Cerrá la puerta! – cumplió la orden.
La esperé sentado, a horcajadas encima de mí, enfrentados, nos metimos mano a lo salvaje. Su lengua buscó asilo en mi boca, el calor me subía hasta el cerebro, el miembro pugnaba por hallar consuelo a la urgente erección. Rápido, ambos nos quedamos sin pantalones, volvimos a la posición, apartó la tanga para que la pija emergiendo del bóxer pudiera cobijarse en la conchita tan mojada.
La posición facilitó la penetración profunda, casi en un solo golpe. Lilly hacía todo, subiendo, bajando, comprimiendo y aflojando la vagina, las más gratas sensaciones. Las tetas liberadas se ofrecían para ser mamadas.
A lo bestia, hasta ella se estaba calentando de verdad, los grititos indicaban que estaba en trance y ritmo de cogida. Recordé que no me puse condón, demoré para intentar hacerla llegar a ella, no pude aguantar, avisé que estaba por eyacular, me hizo acabar a la francesa, entre las hermosas tetas. Sus hábiles manos sabían cómo hacer, realmente placentero, se limpió toda la crema en mi pañuelo. Me disculpé por haber llegado antes. La boca en los pechos y los dedos en su vagina pude hacerla llegar al orgasmo aliviador, agradeció con un beso. Nos deseamos llegar juntos en el próximo.
Días más tarde llegó otro envío de gerencia, una escueta esquela decía: “Laura es para vos, que la disfrutes”.
Con Laura en la primera ocasión no estaba dispuesta, pero mostró sus dotes de chupadora tomándose dos mamaderas completas; en la siguiente sesión llenamos dos envases de látex con una buena dosis, en el “score” final ella me ganó tres a dos.
Con las mujeres siguientes lo usual era avanzarlas ya en la entrevista previa al ingreso, obvio era que solo ingresaban las que me permitían “ingresar” en el conocimiento profundo de su personalidad. Entre ellas está, Roxana, que en el pre ingreso ya probó mi sabor lácteo, mamada tan buena que aprobó de inmediato, y en su primer día de trabajo llevó el regalo de un tremendo lechazo en culito, se lo dejé agrandado. Vino por más en los días siguientes, hasta me trajo a su prima, para que hiciera su debut laboral, su primer trabajo, postulaba para ser cadeta.
- Hacéle el “pre ingreso” –Roxana me dirigió un guiño cómplice al dejarnos.
- Hacemos el ¿“pre ingreso”? -invité a la jovencita a tomar asiento.
- ¿Lo hacemos ahora? –Me invitaba a bajarme los pantalones.
Linda pendejita, blanquita y suave, un gusto acariciarla, piel tan tersa, suave, apretar los pechos, tan duritos, no me alcanzan las manos para acaparar tanta carne firme, se deja besar; pidió con preservativo, hábil y práctica para colocármelo. El manoteo hizo lo suyo, mojadita, la puse sobre el escritorio abierta de par en par, para entrar hasta las bolas, recibió todo sin chistar, enlazó las piernas a mi espalda. Incipiente calentura, sacudía las caderas, poseída, participa activamente, el traqueteo furioso de ambos la sorprendió en un orgasmo tan intempestivo como inesperado conmueve en estertores placenteros.
- ¡Me viene!, ¡Me viene! -más que aviso, parecía un aullido, se mordió para contenerse.
Breve y explosivo, seguí sacudiendo el miembro un buen rato, y otra vez:
- ¡Me viene! ¡Me viene de nuevo! Ahora sí... Ah, Ah, Ah. – Repetía como letanía.
La vagina calmó sus latidos, reía abrazada, besando mi cuello húmedo de besos, lágrimas y mocos producto de la extemporánea acabada. Quedamos unidos en la cópula, disfruté todas las sensaciones juveniles de auténtico goce, lento, retomé el movimiento, acompañó mi necesidad, quedó suspendida de mi cuello, empalada en la carne urgente.
Perdí noción de tiempo y espacio, la vorágine de sexo acalló los sentidos, secó la garganta, cegó la visión, tapó el oído, selló el olfato, bebí el sudor de su piel, vi estrella de colores, escuché música en sus gemidos y olí el aroma esencial de la hembra en celo. La eyaculación, fue llegar al portal del edén, remanso y descanso al agotador esfuerzo, frescura al calor, música de ángeles, todo en el estallido de mi sangre hecha semen dentro del saco de látex contenedor de tanta pasión liberada. Las imágenes empleadas no pueden expresar ni pizca de lo vivido en ese momento realmente apoteósico y mágico.
- ¿Aprobé?
- ¿Cómo? -Asentí con la cabeza, no estaba en condiciones de hablar.
Para hacerla corta, esta muchacha, que no voy a nombrar, es la mujer que hace vivir otra dimensión a cualquier tipo que tenga la gloria de estar dentro de ella.
Esta joven está casada, sigue siendo mi auxiliar, compartimos cama un par de veces a la semana, con toda la sensualidad que ella sabe poner en cada relación. Ella conoce toda esta historia, y cuando conoció de esta publicación me incentivó para escribirles manteniendo en reserva las identidades, obvio que las referencias y nombres no son los auténticos, pero los hechos sí. Gracias por dejarnos llegar a ustedes.