Relatos Porno -Me descubri como una sumisa de cuidado-

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Me descubri como una sumisa de cuidado

Lo conocí en una página de encuentros, en mi particular modo de ver las cosas creía que era seguro el estar ahí, detrás del teclado diciendo cosas que en la vida real tal vez no me atrevería. El captó mi atención y decidí dejar un mensaje, al poco tiempo comenzamos a chatear de una manera inocente y nuestras conversaciones tomaron un curso inesperado, por lo menos para mí, que me hicieron descubrir que soy sumisa y disfruto el que me dominen, de una manera que jamás hubiera podido imaginar.

Después de tener varias pláticas muy descriptivas quedamos de conocernos, encontramos un punto medio para vernos entre nuestras ciudades respectivas. Llegué al hotel donde se hospedaba y lo vi, mejor que en las fotos, altísimo de 1.90, blanco con pelo negro y lo ojos más azules que haya visto, Yo no soy una belleza de revista, más bien una mujer común, pero atractiva y tengo mis atributos y se que lo que mejor que tengo es que soy muy desinhibida en la cama.

Cuando lo vi nos abrazamos y pude sentir toda su hombría junto a mí, a pesar que llevaba unos tacones de 12 cm, no llegaba a alcanzarlo y el olor de su colonia hizo que supiera que esa noche acabaría en la cama con él. Salimos a tomar una copa a un lugar que conocíamos, bebimos un poco y a pesar que soy buena bebedora, al tercer trago ya me sentía menos nerviosa y un poco ebria. Me levanté al baño y en ese momento él me beso (después me confesó que no besaba a nadie antes de llevarlas al cuarto), y en efecto ese beso fue muy especial.

Al regresar pidió la cuenta y nos dirigimos de vuelta al hotel. Subimos y en el ascensor me tomó por la cintura y nos besamos, yo pude sentir su miembro tratando de escapar de su pantalón. No sabía la sorpresa que me llevaría. Me abrazó fuerte, aprisionándome, y siguió besándome hasta casi hacerme perder el aliento, con tanta desesperación que yo me dejé llevar, sentía la necesidad de tenerlo, ahí mismo, metió su mano entre mis piernas y empezó a frotarme con suavidad, yo ya estaba mojadísima y si me hubiera penetrado ahí mismo yo no hubiera puesto resistencia alguna.

Llegamos al cuarto y seguimos besándonos, sentía su lengua tibia recorriendo mi boca y sus manos en mi cadera, frotándome, tenía tanto tiempo que no estaba con nadie que me calenté al minuto, aquel hombre enorme y varonil que me arrancaba mi blusa, besándome, me tiró en la cama mientras me quitaba el pantalón, los besos subían de tono y yo solo podía pensar en que me hiciera todas esas cosas maravillosas que me describía en el chat. Quedamos desnudos y titubee un poco, pero al bajar la mirada y ver la tremenda herramienta que portaba no me pude resistir y me hinqué para saborearla. Apenas me cabía en la boca, y yo calculo le daría unos 22 centímetros… más de lo que nunca me hubiera metido, por ningún lado.

El me tomó por la cabeza y empezó a moverse con fuerza, penetrando mi boca, las arcadas iban y venían, hacíamos silencio, sólo se escuchaba mis gemidos al sentir semejante monstruo entrando en mí, me tomó como a una muñeca y me puso en 4 patas, sin titubear lo metió de un empujón…yo sentí que perdí la virginidad de nuevo. Empezó a moverse con un ritmo lento, yo gemía como una gata sabiendo lo que tenía adentro, empezó a embestir con más fuerza, al ritmo de mi respiración, sus manos se engancharon de mi cadera y casi pierdo la noción del tiempo, sus embestidas eran tan fuertes que yo solo me corría como una loca. No podía descansar, él seguía bombeando más y más fuerte, mis gemidos se convirtieron en alaridos al poco tiempo, y entonces habló:

¿Quieres que pare? No, no pares… ¿Ves como eres una perrita? Yo estaba en el éxtasis que apenas podía articular palabra. ¡Si soy una perrita. ¿Eres mi perrita? Si soy lo que tú quieras, alcancé a decir, entre gritos...

¡Pues ladra perra! – me ordenó- Intentaba ladrar, pero el placer era tan grande que no podía, sentía esa verga enorme, gorda y dura partiéndome en dos.

Por desobediente, vas a tener que recompensarme… me dijo.

De un solo movimiento sacó su verga y en un empujón la metió por mi ano mientras me hacía una cola en el cabello y jalaba de ella…Yo no podía moverme, y estaba tan excitada que los jugos de mi entrepierna habían lubricado mi ano y eso lo había hecho llevadero, el dolor inicial desapareció al poco rato acompañado solo de las nalgadas que empezó a darme y los orgasmos continuaban llegando, de una manera que nunca había experimentado. En unos momentos sentí como su leche me llenaba mientras me mordía el cuello. Yo estaba agotada. Fácilmente en ese rato tuve 10 orgasmos, no exagero creo que los tuve guardados para él.

Pensé que descansaríamos para reponernos, pero él me tomó del brazo y me llevó al baño, abrió el agua hasta dejarla templada y me metió bajo el chorro, el agua estaba perfecta, me inclinó de un empujón y yo estaba parada de puntas para poder alcanzarlo, casi como una bailarina, de nuevo me embistió con fuerza una y otra vez mientras yo luchaba por no caerme, ya tenía calambres en las piernas, pero sentir su enorme verga entrar y salir me hacía aguantar y aguantar hasta que se vino- o eso creía yo- aún así no quería que parara, me sacó del baño a tras pies y me puso frente al enorme espejo del lavamanos, y dijo:

A ver perrita, vamos a ver que tal coges y ladras. A las perras como tú les gusta ver como se las cogen…Me apoyó en la loseta mientras yo miraba nuestra imagen. Empezó a bombear nuevamente, y me ordenó... Ladra perrita si no quieres que pare. No quería que aquello terminara así que entre gritos de placer intentaba ladrar, y entonces me dijo: De ahora en adelante me perteneces, eres mi perra y te tendré cuando yo quiera, y no podrás decirme que no. Yo solo atinaba a contestar si… lo que tú digas, soy tu perra… mientras seguía viniéndome.

Cerraba los ojos y él me jalaba el cabello para que mirara.

-Mira lo puta que te ves, perra caliente, como se nota que no tienes hombre…No te he dado permiso que cierres los ojos

Al ver que las piernas se me vencían, me llevó de vuelta a la cama y me recostó, empezó a jugar con mis pezones, mordiéndolos, chupándolos, se metió dos dedos a la boca para llenarlos de saliva y me los puso en la vagina, sentía su enorme cuerpo encima de mí, sudando, yo no me podía mover, él pesa demasiado. Me tenía inmóvil y a su merced. Se monto en mí y siguió, yo estaba casi inconsciente, sentía su verga como me pegaba casi en el estómago, ya habían pasado 4 horas, eran casi las 5 de la mañana. Seguimos por un rato y sacó su miembro me hizo chuparlo un poco.

Lame perra y llora si quieres que te de más.

Yo chupaba y lamía aquel miembro y lloraba como un perrito, casi rogando, sentí que terminaba me hizo a un lado y eyaculó en mi estómago.

Esa noche apenas salí caminando, pero aún así quedamos de vernos al día siguiente, y fueron las dos noches más placenteras de mi vida hasta ese momento, y al día de hoy, seguimos en contacto, continuamos con esas maratones sexuales cada vez que se puede y somos amigos. Y el sabe que es el mejor amante que he tenido y que esa forma tan sutil que tiene de dominarme hace que no le pueda negar nada. Yo se que no soy la única, pero si una de sus favoritas y me encanta ser su amante, y su perrita.


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